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lunes, 24 de julio de 2017

ESPACIO PÚBLICO DEMOCRÁTICO (1/3)




por Alfonso Sanz

Matemático y geógrafo, urbanista y experto en tráfico.

Publicado en Peatón. Gráfica Social 03

Observatorio de la Sostenibilidad Fundación Cristina Enea. 2011



El concepto de espacio público constituye, a partir de los años sesenta del siglo XX, una pieza central de las tareas y del discurso de varias disciplinas del conocimiento, las cuales lo interpretan con perspectivas muy diversas, aunque todas ellas emparentadas a través de la disociación entre lo público y lo privado que ha tenido una compleja evolución a lo largo de la Historia.

Algunas de dichas disciplinas, como la sociología, la comunicación o la antropología3 aportan sobre todo reflexión y análisis, pero otras como el derecho o el urbanismo tienen, además, una enorme repercusión directa en la configuración física y en la regulación de ese territorio colectivo.

La perspectiva urbanística, desde la que parten estas líneas, define teóricamente el espacio público urbano como el conjunto de lugares de paso y encuentro abiertos a toda la ciudadanía, entre los que se encuentran las calles, los paseos, los parques, los jardines o las plazas; lugares para todos que, por consiguiente, se contraponen al espacio privado, de acceso restringido.

Como ahora se verá, ese carácter abierto a toda la ciudadanía no se verifica tan fácilmente en las ciudades actuales debido a un doble proceso: el vaciamiento urbanístico del espacio público y al dominio de la motorización.

Evidentemente existen otros factores jurídicos, sociales, políticos y económicos que condicionan el modo en que se utiliza el espacio público en una ciudad determinada. De hecho, el urbanismo, como técnica que determina la estructura urbana y la ordenación espacial de las diferentes funciones y actividades, al recalar en el concepto de espacio público, conduce inexorablemente a las otras disciplinas, pues sus elaboraciones y planes han de concebirse desde una óptica política (acción colectiva sobre el espacio público), sociológica (satisfaciendo las necesidades de cada grupo social), estética (tipologías y composición del espacio público) y cultural-antropológica (en coherencia con una interpretación de las formas de relación urbanas).



El vaciado urbanístico del espacio público

Por vaciado urbanístico se entiende aquí el proceso mediante el cual el urbanismo (planificado expresamente o abandonado al mercado) contribuye a restar actividades, atractivo o interés al espacio público.

Se puede afirmar que las corrientes teóricas y prácticas dominantes del urbanismo del siglo XX han estimulado dicho proceso mediante conceptos y técnicas como la zonificación monofuncional o las facilidades para determinadas tipologías de equipamientos o de edificaciones las cuales, obedeciendo a una cierta «racionalidad», no han podido sin embargo integrar perspectivas más globales de tipo social y ambiental.

En efecto, la idea de la Carta de Atenas de que cada función urbana debe tener su lugar segregado del resto, ha conducido a un urbanismo de polígonos monofuncionales en los que el espacio público, si existe, muere cuando acaba la actividad que caracteriza al lugar. La monofuncionalidad supone el incremento de distancias para realizar las actividades cotidianas y, en consecuencia, la sustitución de desplazamientos a pie por viajes motorizados, que no son capaces de crear relaciones humanas en el espacio público.

Un ejemplo claro de ese proceso de vaciamiento del espacio público lo ofrece la sustitución del comercio local por comercio centralizado y lejano. Cuando el urbanismo permite la instalación de una gran superficie comercial no está optando sólo por una opción económica y de mercado determinada, sino por una configuración del espacio público próximo a las viviendas, allí en donde se podría situar el comercio de proximidad. El zócalo comercial de las áreas en las que se sitúan los hogares sufre un efecto de succión por parte de la gran superficie comercial y, consecuentemente, vacía de trasiego, contactos y socialización el espacio público próximo.

Otro tanto ocurre con los equipamientos tradicionalmente locales, como los colegios, los centros de salud, los cines, etc. que, agigantados y llevados a lugares lejanos, succionan sentido y función del espacio público cercano.

La otra gran palanca de dilución del espacio público puesta en acción por el urbanismo de las últimas décadas es la extensión de tipologías edificatorias hostiles al espacio público, es decir, tipologías que, lejos de contribuir a la socialización y calidad del espacio público, le dan la espalda y lo convierten en un lugar no apropiado, poco cómodo y de aspecto inseguro.

Las comunidades vecinales cerradas que miran hacia el interior privado, las filas interminables de adosados-fortalezas o las edificaciones en altura que viven en una nube particular son las formas habituales del urbanismo reciente que han contribuido al vaciamiento del espacio público por falta de «seguridad» y/o «atractivo».


continuará mañana .....

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