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lunes, 19 de junio de 2017

El atlas de las islas sin coches, en las que “el rey es el peatón”

Por Gonzalo Prieto - 27 Marzo, 20174
   
Cree Fran Sauré que vivimos en un mundo donde “la multiplicidad de los significados esconde ya el significante”. Y añade: “el por qué estamos aquí es una de las preguntas que tenemos que plantearnos y el retiro relativo en una isla nos puede ayudar sin duda”.
Debe ser una isla la que “nos anime a cambiar de consideración, a formularnos unas buenas preguntas sobre el uso adecuado de los recursos, a repensar nuestro impacto en el mundo”. Con ese afán, este editor francés afincado en España ha puesto en marcha el Atlas de las islas sin coches.

Una obra que se presenta como un compendio de islas en las que sin lugar a duda es posible abstraerse. El libro trata “de un modo entre documental y literario más de cuarenta islas donde el rey es el peatón”, tal y como explica el propio Sauré en declaraciones a Geografía Infinita. Un tipo de islas, las que no tienen coches, de las que ya hace tiempo hablamos en este blog.

Las islas a su juicio “son exóticas y misteriosas y son un mundo en diminuto”. Sus reducidas dimensiones “te dan la posibilidad de abarcar toda la superficie, algo que da seguridad y es posible dejar volar la imaginación para alcanzar otras islas y vislumbrar continentes”.
El Atlas de las islas sin coches presenta estos lugares a descubrir en todos los continentes. Sus tamaños también son muy dispares. Oscilan desde unas pocas hectáreas a unas extensiones mayores. Algunas tienen millones de visitantes al año, mientras que otras están mucho más apartadas y son prácticamente desconocidas. “Entendemos que pueden o podrían ser, en la mayoría de los casos, unos buenos exponentes de un turismo sostenible”, destaca Sauré.

El diseño de este libro pretende “renovar la imagen que todos tenemos de un atlas, haciéndolo más cercano y personal”. El objetivo, señala el editor, “es que el lector pase un rato agradable, que se llene de nuevos conocimientos de una forma sencilla y que mientras lea el libro y vea las imágenes, se pueda introducir en un mundo de sensaciones”.
La edición es minimalista, con una doble página dedicada a cada isla. Concretamente, en una página se sitúan los datos de la isla, su localización, su ubicación en el continente y el texto del autor. Sirve como “manera rápida y eficaz de localizarse y saber dónde uno se encuentra”, indica Sauré.

En la otra página nos encontramos con la isla y con una serie de pictogramas recalcando puntos importantes nombrados en el texto, para que el lector pueda ir siguiendo las indicaciones del autor y poder situarse dentro de la isla.

Este Atlas es la primera parte de la serie. La segunda (y última) saldrá para finales de este año. Se enmarca dentro de la colección “Atlas sensible”, que aborda más temas que las propias islas, y de la que desde la editorial esperan publicar dos novedades al año.
La islas que aparecen en el atlas tienen el denominador común de ser tierras rodeadas de agua y sin coches. Permiten descubrir “realidades muy dispares tanto en temas de clima, idiomas, cultivos, turismo, cultura, etc.”, remarca el editor.

Todas estas realidades constituyen a su juicio “un largo viaje en sí, tanto para el lector, como para el viajero que tiene en su mano un libro que le puede servir para elegir unos destinos no necesariamente remotos, pero llenos de intensidad”.

El descubrimiento de estos espacios es para Sauré, “como dar un paso en el camino de la sabiduría”. En estas islas se forjaron leyendas como la de Monte Cristo en las islas Frioul, enfrente de Marsella. Allí lo encerraron y desde allí se escapó, buscando la fortuna del abad Farias.

Pero la fortuna de este libro “no es escapar de ellas, sino reencontrarnos con un espacio prístino, un espacio que los ciudadanos que vivimos en urbes contaminadas vislumbramos como un espacio que hay que preservar y favorecer”.

Presentadas “como un colgante de perlas”, según su editor, las ilustraciones de las islas de este atlas “están en consonancia con los textos y como no podía ser de modo diferente en este atlas sensible, nos ayudan a zambullirnos mejor en un mundo deseado leyendo páginas tan inspiradoras como delicadas”.

El libro, redactado por Ander Claver Goicoechea y Janire Nogales e ilustrado por Laura de la Cruz González, no es una guía de viajes. Se trata más bien, según su editor, de “un atlas sensible de experiencias humanas y coordenadas geográficas, que no acercan al ideal del respeto por la tierra, por la naturaleza y las costumbres de los pueblos visitados”. Según aclara Sauré, los autores “no visitaron todas las islas, pero recopilaron mucha información y nos la transmiten de un modo ameno, con sus emociones”.

El caballo es uno de los medios de transporte preferidos de Büyükada.
Preguntado por su isla favorita, el editor elige Büyükada en Turquía: “Después de un viaje de más de hora y media en barco, ves como la polución de Estambul, parece que se para en sus riberas”. Con todo, augura que “lo mas probable es que la alcance pronto”. Por ello, “nos recuerda que los paraísos terrenales no son para siempre, que tenemos que luchar por ellos”.

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